Pensativo contempla el manuscrito
El copista del cantar y de la gesta;
Reposa en la mano la mejilla,
Afila la pluma y la paciencia.
Brotan de la tinta vuelta en voces
Batallas, desafíos y consejas;
Albricias, que el Cid, Yúsuf y Minaya
Trazan en la piel letras bermejas.
Librando la batalla por la fama,
El escriba y el Cid lidian contienda;
Escribe uno, rasgando el pergamino,
Sobre lides, de bodas y de afrentas;
Cabalga otro, por versos y tiradas,
Retando a su mentor en hora buena.
Inventa Per Abbat rima y medida
Vasallo Mío Cid de su leyenda;
Inclina la cabeza el amanuense
Obstinado en la historia que le alienta.
jueves, 19 de mayo de 2011
miércoles, 4 de mayo de 2011
Versos difusos
No obstante
Al fondo de la calle
se incendiaba la tarde.
Era uno de esos ocasos
en que los poetas escriben
en los cuartos de míseras pensiones
versos manchados de intensos colores.
Hubo un soplo de viento.
Tras las lluvias, un canalón goteaba
su incesante símbolo.
Creí advertir la brecha
que separa
este mundo del otro.
Entre las basuras abandonadas
en las puertas de las casas
se oyó un gemido de cosas,
como si un gato o una rata
revolvieran las inmundicias.
Tuve ganas de demorarme en la calleja;
detener mi paso en aquel punto de la ciudad,
una ciudad incomprensible y extraña
en la que,
una vez más,
me había perdido.
Seguí caminando, no obstante.
Profilaxis
El fracaso produce vergüenza ajena.
En 1525,
cuando el emperador visitó Toledo,
las autoridades expulsaron a los mendigos
allende las murallas
para no ofender la majestad del césar.
Ha ocurrido muchas veces.
Hoy,
el alcalde de Madrid,
tras cometer imposibles bancos en las avenidas,
quiere recluir por ley
a los mendigos en sus aseados albergues.
Los comerciantes aplauden:
-Los andrajos espantan los clientes;
los turistas lo celebran:
-Los marginados arruinan las fotos de las estatuas.
Los mendigos perturban también
a las señoras que salen de misa
en las tardes desapacibles.
Perturban y erizan
lo bello de sus visiones,
el vello de sus visones,
leopardos y martas cibelinas.
¿Qué decir?
Tienen más razones.
Es verdad que los mendigos huelen mal,
orinan en las esquinas,
en los pasadizos vomitan
y beben vino de tetrabrik.
Al fondo de la calle
se incendiaba la tarde.
Era uno de esos ocasos
en que los poetas escriben
en los cuartos de míseras pensiones
versos manchados de intensos colores.
Hubo un soplo de viento.
Tras las lluvias, un canalón goteaba
su incesante símbolo.
Creí advertir la brecha
que separa
este mundo del otro.
Entre las basuras abandonadas
en las puertas de las casas
se oyó un gemido de cosas,
como si un gato o una rata
revolvieran las inmundicias.
Tuve ganas de demorarme en la calleja;
detener mi paso en aquel punto de la ciudad,
una ciudad incomprensible y extraña
en la que,
una vez más,
me había perdido.
Seguí caminando, no obstante.
Profilaxis
El fracaso produce vergüenza ajena.
En 1525,
cuando el emperador visitó Toledo,
las autoridades expulsaron a los mendigos
allende las murallas
para no ofender la majestad del césar.
Ha ocurrido muchas veces.
Hoy,
el alcalde de Madrid,
tras cometer imposibles bancos en las avenidas,
quiere recluir por ley
a los mendigos en sus aseados albergues.
Los comerciantes aplauden:
-Los andrajos espantan los clientes;
los turistas lo celebran:
-Los marginados arruinan las fotos de las estatuas.
Los mendigos perturban también
a las señoras que salen de misa
en las tardes desapacibles.
Perturban y erizan
lo bello de sus visiones,
el vello de sus visones,
leopardos y martas cibelinas.
¿Qué decir?
Tienen más razones.
Es verdad que los mendigos huelen mal,
orinan en las esquinas,
en los pasadizos vomitan
y beben vino de tetrabrik.
lunes, 2 de mayo de 2011
Oficio de tinieblas por Blaise Pascal
"La vida es un hospital en el que cada enfermo
quiere cambiar de cama"
CHARLES BAUDELAIRE
Cuando Blaise Pascal penetró aquella noche de 1654 en la soledad iluminada de su celda, aún no había llegado el invierno a la abadía de Port-Royal ni el viento mecía los cipreses ausentes. Un escalofrío oscureció su alma, y su pobre cuerpo, crucificado por la enfermedad y el sufrimiento, tal vez presagió su podredumbre bajo la nieve.
Ya había visitado anteriormente con su hermana Jacqueline la herética abadía, enfebrecida de jansenismo, en la que notables políticos, pensadores y hombres de fe atormentada se refugiaron y negaron. Muchas noches recuerdan el horror de las conversaciones y el silencio que regresaba insomne por las mañanas. “Esa sonrisa tierna y severa de mi hermana acariciando su breviario como si sacudiera la ceniza, es lo que viene a mi memoria una y otra vez sin consuelo”, pero el horror del yo y del mundo siempre traía el olor a abandono de la carne quemada.
“¡Cómo amo el recuerdo de mi padre el día que me descubrió, teniendo yo doce años, en la claridad de mi habitación jugando con barras de carbón y dibujando figuras en las baldosas!” “¡Había descubierto las matemáticas, su transparente armonía, el arrebatador perfume de las figuras justas y de las proporciones que entre ellas guardan!” Para el niño criado entre dos hermanas atentas, aquel talento para escuchar la música exacta del universo y desentrañar sus fascinantes secretos le concedió una reputación temprana de gran inteligencia. Su padre le introdujo en los círculos y sociedades matemáticas, fue avanzando en saber y descubrimientos, publicó brillantes escritos y construyó máquinas aritméticas, pero de alguna manera ya presentía que nada de esto calmaría la inmensa herida que llevaba dentro. Sin duda, el desierto parecía más cerca.
“Desde los dieciocho años , no he pasado un día sin dolor”, confiesa a su hermana Gilberte. Y ciertamente hasta en los días más azules una algarabía de pájaros de sangre devoraba su vida y su carne. Una nueva apuesta se le ofrece al joven Pascal para huir del hastío: la del ingenioso y fulgente libertino que frecuenta los salones dilapidando el exiguo patrimonio familiar. Vana empresa de simulacros que terminará arrasando la furia oculta de ese dolor que crece semejante a un río negro y salvaje
Necesitaba una ocupación más trágica, deslizar su vida por el filo de una espada, llámese Dios o la nada. Comprende que toda percepción extrema es religiosa, y a ello se apresta por los meandros más adustos de la fe, abraza la causa jansenista, y el polvo cubre tanto su escritura como su existencia. Adopta los modos de la dialéctica libertina y arremete contra la diabólica Sociedad de Jesús por prostituir la hermosa esperanza cristiana. Usa la escasa pero enérgica salud que le resta para ejecutar una magnífica, elegante e irónica demolición:Las Provinciales. Resplandeciente panfleto que desmantela el bastardo edificio teológico-político que la Compañía había erigido en busca del poder. El esprit de finesse y el esprit de géometrie se hermanan para el sutil ataque. Y nuevamente la delicadeza intelectual le condena al fracaso: Las Provinciales son quemadas públicamente.
“Sí, si no sobraran las palabras, las dulces y ciegas palabras, hablaría de la terrible luz de mi tristeza, pero si ni siquiera el amor a la verdad me conforta. Todos mis amigos se han plegado a la intolerancia inquisitorial, Jacqueline ha muerto defendiendo su pureza doctrinal… y yo… ¡Dios mío, si no vivo ni en mi cuerpo ni en mi alma… dame, Señor, por tu bondad y por tu gracia, el silencio que no merezco!”
Siente Pascal que es fácil el abismo, casi como lavarse las manos, que el hombre que arduamente le habita ni siquiera consiste en los pensamientos enfermos que le golpean a lo largo del día. Nadie lo menciona, pero quizás una sensualidad insólita, extemporánea, se le insinúa cuando se aposenta la noche. Luz desconocida de un alma que apenas alcanza a rozarse. “¡Dios de mi alma, qué innombrable pecado, ser feliz en lo más íntimo de este cuerpo enfermo, y proclamar que la carne no es miserable! ¡Belleza última y horrible de estas jornadas, fatiga placentera de una piel que no pide ser redimida!”
Lejano ya el humo de todas las batallas, se disuelven los espejos de los anteriores juegos. Queda la apuesta final: viajar hacia la muerte de la palabra escribiendo los Pensamientos, despiadado ejercicio de aniquilación del mundo, del yo y de la filosofía. “Sólo deseo que el olvido me salve, como el beso cálido que mi padre dejaba en mi frente todas las noches. Definitivamente, la vida y la filosofía son una burla cruenta, un estar a solas esperando a ser degollados, mientras este cuerpo gangrenado muerde la ceniza igual que la culpa”.
Es áspero amanecer sabiendo que no hay palabra o lectura que nos calme, ni agua que limpie el légamo del vacío sobre nuestros labios.
Sólo queda perderse en el desierto, ser la sombra eterna del silencio.
miércoles, 13 de abril de 2011
Egoísmo.
Vale, soy un cochino egoísta por plantear las cosas en estos términos, pero llegados a este punto tengo que confesar que uno de los mayores aciertos de mi vida ha sido conocer a Montenegro. Envejezco y sobrevivo aferrado a un puñado de convicciones: que me tengo que morir, que entretanto necesito a ciertas personas a mi lado y que mientras Montenegro me asista no habré perdido mi juventud. Al frescor de un par de cervezas él nunca dirá que no a ninguna de mis quimeras crepusculares, un periplo imposible por el Mediterráneo, una editorial revolucionaria, una guía de polígonos industriales con encanto, una entelequia nueva y virginal. Y esto me esponja el alma y me hidrata el cutis. Él no lo sabe pero mi hemisferio izquierdo necesita el riego sanguíneo de esa amistad clásica, vital, inconmensurable. Y a cambio no tienes que hacer nada. Ser al fin tú toda la tarde y que te abra su casa -Tierra Santa-, su nevera, su corazón tan grande y sus brazos enormes.
Dedicatoria
Permitidme, noble Montenegro, que en esta primavera herida pronuncie salud y república, en este día 13 del año de ningún dios o señor de 2011. Quiero felicitaros y hacer votos por la muerte de tanto cansancio. Quiero recordar al pensar en Su Excelencia que Rimbaud pernoctó feliz en Alcorcón y Vallecas, y que César Vallejo ocultó su dolor y soledad en la Laguna Negra. En estos tiempos en que los ríos agonizan, las tierras se ensombrecen y el humor se esconde asustado detrás de las pistolas, su amable y melancólica ironía convierte en placer todo lo que toca. Y si fuera dado, mi augusto amigo, creer al bueno de Aristóteles, la amistad con que nos obsequiáis no sólo es virtud o síntesis de afectos, sino que nunca fue más verdad aquello de que un buen amigo es un buen hombre y un mejor ciudadano. Y como es de bien nacidos y hombres fatigados, guardo ya silencio, que es bálsamo muy recomendado.
lunes, 11 de abril de 2011
Econolectas.
Sólo hay dos clases de economistas: los que no saben nada y los que no saben ni eso. (John K. Galbraith)
Sólo hay dos clases de economistas: Los que dividen a los economistas en dos clases y los que no. (Yepes de Elea)
Un economista es un sujeto que postula lo obvio en términos incomprensibles. (Alfred Knopf)
Nunca en la historia hubo un economista que tuviera que preocuparse por la próxima comida. (Alfred Knopf)
Cuando pienses que a nadie le importa si sigues vivo, prueba a devolver un par de recibos de la maldita hipoteca. (Ana Patricia del Mar B.)
El dinero es como el estiércol: Si no lo esparces, huele. (Paul Getty)
Hay una forma muy fácil de salir de la bolsa con una pequeña fortuna: Entrar con una muy grande. (Jack Yelton)
La tragedia respecto a nuestros economistas no es que no vean la solución, es que no ven el problema. (Chesterton)
Si le prestas a un hombre 20 dólares y no vuelves a verlo, hiciste una buena inversión. (Anónimo)
Vivimos bajo la verdadera regla de oro: Los que tienen el oro hacen las reglas. (Buzzie Bavasi)
Cuando era joven pensaba que el dinero era lo más importante en la vida. Ahora que soy viejo ya no me cabe ninguna duda. (Oscar Wilde)
La gente ahora vive más años que nunca, un fenómeno indudablemente provocado por nuestras hipotecas a cincuenta años. (Ana Patricia del Mar B.)
Si os siguen rescatando, tendréis que trabajar como perros para vivir como perros. (J. Anguita Negro)
Me gustaría tener montañas de dinero para vivir como un mendigo. (Picasso).
Suponer, como todos suponemos, que uno puede ser rico y no comportarse como se comportan los ricos, es como suponer que podemos estar todo el día bebiendo y permanecer sobrios. (Logan Pearsall Montenegro)
Sólo hay dos clases de economistas: Los que dividen a los economistas en dos clases y los que no. (Yepes de Elea)
Un economista es un sujeto que postula lo obvio en términos incomprensibles. (Alfred Knopf)
Nunca en la historia hubo un economista que tuviera que preocuparse por la próxima comida. (Alfred Knopf)
Cuando pienses que a nadie le importa si sigues vivo, prueba a devolver un par de recibos de la maldita hipoteca. (Ana Patricia del Mar B.)
El dinero es como el estiércol: Si no lo esparces, huele. (Paul Getty)
Hay una forma muy fácil de salir de la bolsa con una pequeña fortuna: Entrar con una muy grande. (Jack Yelton)
La tragedia respecto a nuestros economistas no es que no vean la solución, es que no ven el problema. (Chesterton)
Si le prestas a un hombre 20 dólares y no vuelves a verlo, hiciste una buena inversión. (Anónimo)
Vivimos bajo la verdadera regla de oro: Los que tienen el oro hacen las reglas. (Buzzie Bavasi)
Cuando era joven pensaba que el dinero era lo más importante en la vida. Ahora que soy viejo ya no me cabe ninguna duda. (Oscar Wilde)
La gente ahora vive más años que nunca, un fenómeno indudablemente provocado por nuestras hipotecas a cincuenta años. (Ana Patricia del Mar B.)
Si os siguen rescatando, tendréis que trabajar como perros para vivir como perros. (J. Anguita Negro)
Me gustaría tener montañas de dinero para vivir como un mendigo. (Picasso).
Suponer, como todos suponemos, que uno puede ser rico y no comportarse como se comportan los ricos, es como suponer que podemos estar todo el día bebiendo y permanecer sobrios. (Logan Pearsall Montenegro)
sábado, 2 de abril de 2011
Soy un hombre cansado
Sócrates era hijo de escultor y comadrona,
Kepler vivió rodeado de desgracia,
Spinoza sobrevivía pulimentando vidrios,
Newton tenía una mala leche espantosa,
era envidioso, presidió la Royal society
y bajo su mandato la llenó de estúpidos;
Kant salió una vez en su vida de Könisberg y,
a pesar de lo que diga Yepes,no fue muy lejos;
Comte sufrió a los dieciocho años una
aguda crisis cerebral;
Marx, el misógino, sólo deseaba tener hijos varones
y tuvo ocho, de los que únicamente sobrevivieron
tres chicas;
su amigo Engels era hijo de un importante industrial,
Nietzsche muere a los cuarenta y cinco. Diagnóstico:
reblandecimiento cerebral;
Wittgenstein, que no tenía ninguna fe
en la bondad de los hombres,
fue probablemente uno de los mejores
y más bondadosos hombres de su tiempo.
¡Oh vivir en un permanente flash back intestinal
para regurgitar compulsivamente
y declarar a lo bestia
voy a abrirme en canal para quererte!
Afortunadamente, el poeta Herrera y Reissig
creó el verbo primaverizar.
Te levantas a temprana hora
y es difícil indagar en el abismo,
saludas cortésmente a tu vecino
y amanece de manera inexorable.
Kepler vivió rodeado de desgracia,
Spinoza sobrevivía pulimentando vidrios,
Newton tenía una mala leche espantosa,
era envidioso, presidió la Royal society
y bajo su mandato la llenó de estúpidos;
Kant salió una vez en su vida de Könisberg y,
a pesar de lo que diga Yepes,no fue muy lejos;
Comte sufrió a los dieciocho años una
aguda crisis cerebral;
Marx, el misógino, sólo deseaba tener hijos varones
y tuvo ocho, de los que únicamente sobrevivieron
tres chicas;
su amigo Engels era hijo de un importante industrial,
Nietzsche muere a los cuarenta y cinco. Diagnóstico:
reblandecimiento cerebral;
Wittgenstein, que no tenía ninguna fe
en la bondad de los hombres,
fue probablemente uno de los mejores
y más bondadosos hombres de su tiempo.
¡Oh vivir en un permanente flash back intestinal
para regurgitar compulsivamente
y declarar a lo bestia
voy a abrirme en canal para quererte!
Afortunadamente, el poeta Herrera y Reissig
creó el verbo primaverizar.
Te levantas a temprana hora
y es difícil indagar en el abismo,
saludas cortésmente a tu vecino
y amanece de manera inexorable.
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