viernes, 10 de diciembre de 2010

Hemingway




Margarita me dijo me gustan tus piernas porque hablan cuando estás como ausente y hay un hipopótamo que pasea circunspecto por las calles de Pamplona. Cuando Margarita hacía este tipo de afirmaciones yo la miraba como si fuese el obispo auxiliar de la Diócesis Osma-Soria oficiando una novena a San Pancracio, es decir, como Bogart a la Herpbun antes de viajar por el África, reina. Miré mis piernas y comprobé que callaban presentes aunque Margarita adelantaba una de sus rodillas –pierna derecha- y la acercaba turgente a la rodilla de mi pierna izquierda, ambas rótulas enfrentadas bajo la barra del bar. El hipopótamo nos miraba melancólico con aires de viejo y de mar, y el sol amenazaba lluvia y frío bajo los soportales. Miré a Santiago cuando ya me temblaban las rodillas y estaba a punto de morirme en la tarde. Virtió el Pernod en la copa y añadió champán hasta conseguir el efecto adecuado de color lechoso opalescente: “Beba despacio de tres a cinco copas de este cóctel”.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Mesianismo lingüístico

"Cuenta el todavía director de la RAE que, junto a la puesta al día de la economía académica, Fernando Lázaro Carreter, antecesor e íntimo amigo suyo, le hizo otro encargo: 'Ocúpate de América'." (El país semanal, 5 de diciembre de 2010).
Hay quienes han nacido para cumplir con una alta misión y quienes hemos venido a este mundo para agradecer la orientación y guía de los que cumplen con el sagrado voto de iluminar las tinieblas de nuestra ignorancia. Seguramente ya adivinó la grandeza de su destino el joven que se reconoció en una crónica de Hora de España como el niño rescatado entre las ruinas del bombardeo en su natal Villaviciosa. Hubo de ser una señal. ¿Fue esa precoz resurrección la que le impulsó a seguir estudios de teología y a ejercer el sacerdocio? Queda para los biógrafos e historiadores la tarea futura de despejar la incógnita. Para sus fieles, solo resta la posibilidad de acercarnos reverencialmente a la figura del ilustre prócer para interpretar los sucesos que se nos revelan en la entrevista que nos brinda: ¿no recuerdan las palabras de Lázaro -"Ocúpate de América"- las de la reina Isabel la Católica a un Colón que las recibe arrodillado y presto a servir a Dios y a una España recién nacida? ¿No resuena en ellas el eco de algún Papa que, en sus últimas horas, confía a su sucesor la tarea de propagar entre los paganos esa buena nueva la primera con b alta y la segunda con b baja?
Podemos imaginarnos al entonces todavía secretario de la noble casa recibiendo sobre sus hombros tan pesada carga. Pero el esfuerzo compensa. Dispuesto a "servir al honor de la nación porque hacerlo es un honor en sí mismo" conseguirá después de tres mandatos doblar el presupuesto de la que él mismo denomina "una mediana empresa": seis millones de euros anuales, cinco millones de ejemplares de las publicaciones de la RAE vendidos en estos años en las distintas campañas de Navidad (este año nos espera la buena nueva ortográfica). Pero no nos quedemos en los fríos datos contables; porque no es ese el propósito de la Academia, el verdadero propósito es transatlántico y universal, ecuménico y conciliador, propio de hombres a quienes guía el deseo de consenso y la devoción por una lengua tan inquieta y andariega como la santa en cuya obra don Víctor, según el cronista, es una autoridad mundial. No hay por qué dilatarlo más: el objetivo es el panhispanismo lingüístico.
Nadie mejor que el protagonista de la entrevista para explicarlo: "Fui a Chile a presentar la anterior Ortografía. Fue un acto conmovedor. El salón abarrotado, banderas de Chile y España, obispos, generales, los himnos... Un ejemplo de panhispanismo". Desde la emoción de mi alma de panhispanohablante no solo rubrico sin rubor estas palabras sino que reivindico y grito desde las entrañas de Castilla, de México, de Guatemala, de toda la América hispana qué coño, ¡hermanos en el idioma, levantemos el estandarte de nuestra lengua española, más banderas, más obispos, más generales, más himnos, más garciadelaconchas!

sábado, 6 de noviembre de 2010

Genialidad, anticipación y friquismo en economía. Vauban (y II)

A fin de cuentas, Vauban era ante todo un hábil tecnócrata capaz de tocar con soltura muchos palillos: ingeniería, milicia, agronomía, estrategia, cartografía, estadística, economía, urbanismo... Y su franqueza, como suele ocurrir, fue muy apreciada en la Corte hasta el preciso momento en que se atrevió a decir en voz alta lo que allí nadie quería escuchar. Mientras el siglo corría a su fin y se agrandaba la brecha entre la Francia Real  y la Francia real, más se distanciaba Vauban de una política que había olvidado "la verdadera grandeza de la patria: el bien público". Su fidelidad al Capeto empezó a tambalearse, una peligrosa deriva que se abre paso en su obra con recato y cautela exquisitas, cualidades de una mente práctica que nunca perdió de vista un principio básico: para poder pensar es necesario que la cabeza permanezca unida al resto del cuerpo.

La espantosa hambruna de 1693, que se llevó por delante dos millones de vidas, le empuja a denunciar las vejaciones y rapacerías infinitas que sufren las gentes oprimidas por el hambre y los malos impuestos y a presentar una reforma global capaz de responder al problema de la miseria. El Proyecto de capitación propone la creación de un único impuesto sobre los ingresos con independencia de su naturaleza o de su origen. Una vez más, ese noble hábito de ir por la vida de cara y por derecho permitió que los llamados a torearle se lucieran con trincherazos y naturales de antología. La idea fue bien acogida por la Corte que se apresuró a ponerla en práctica con algún lacónico ajuste que, eso sí, pervertía hasta la médula su verdadero propósito. En teoría, todo individuo sin excepción, desde un príncipe a un jornalero, quedaba sujeto al pago de entre una y dos mil libras, en función de su fortuna. En la práctica, de 200 libras en adelante no quedó excluido nadie, excepto todo el mundo. No es extraño que a Vauban se le cayeran todos los palos del sombrajo viendo su reforma prostituida y su nombre asociado a una odiosa carga más que añadir a la arbitrariedad, la confusión y la iniquidad de las ya existentes.

Pues a por todas. En 1700 vuelve a la carga con el Proyecto de un diezmo real. Ha puesto toda la carne en el asador, sin ambigüedades ni melindres. Denuncia de forma implacable la corrupción y la ineficiencia del sistema, el latrocinio de la talla y de la gabela, de los portazgos,de las décimas del clero, de la imposición sobre la sal, la persecución de las actividades productivas, la cínica dispensa para los órdenes privilegiados y propone, una vez más, un impuesto único y progresivo sobre los beneficios sin excepción alguna, incluido el rey. Dinamita pura, debía barruntarse un Vauban que ya no se hacía ilusiones, visto que lo mantuvo en la recámara siete largos años, lo saco o no lo saco. En 1707, ya retirado con todos los honores y calculando que el brillo de su carrera y su reconocimiento público conjurarían todo peligro, dio el libro a la imprenta. Calculó mal. La publicación no hizo feliz a Luis XIV que ordenó la prohibición y la quema de la obra. Su autor mereció la reprobación y la condena pública y sólo su posición y su fama le libró de dar con sus huesos, su reuma y sus papeles en la Bastilla. Enfermo, pobre y olvidado pasó sus últimos días recluído en su casa de la Rue Saint Vincent. Murió de asco el 30 de Marzo de 1707.

N.B. El Proyecto de un diezmo real fue impreso libremente en Amsterdam, Bruselas y Luxemburgo y distribuido clandestinamente en Francia donde la prohibición estimuló la curiosidad del público y la popularidad de la obra. En 1710 se publicó la primera traducción inglesa. Francia estableció por vez primera la imposición directa y progresiva sobre el beneficio en 1789. Le siguieron Inglaterra, en 1810 y Estados Unidos, en 1860. España no tuvo un esbozo de impuesto sobre la renta hasta 1943. Marruecos, hasta 1989.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Genialidad, anticipación y friquismo en Economía. Vauban(I)

No importa el arte, la ciencia o la palabra. Lo genial es saber ver donde todos miran, descubrir polifonía donde otros oyen ruido o ser capaz de concebir el bosque sin salir de los árboles. Sólo al genio le está reservada la epifanía de descorrer el velo de una verdad esquiva, simple y maravillosa. La anticipación es casi siempre un drama, sobre todo para el visionario: El de la fuerza de la razón abriéndose paso en la maraña de prejuicios, inercias e intereses que conforman cualquier paradigma dominante que se precie -y los económicos se precian muchísimo. El friquismo, entendido como una pasión excéntrica y obsesionante, la salsa de todos los guisos. Cuidado con las falsas sinonimias. Nótese que la rara avis del genio es con frecuencia (hay excepciones confortables y enormes) un perfecto incomprendido; los incomprendidos, que son legión, son casi siempre unos perfectos imbéciles egocéntricos, lobotomizados y asociales que se reproducen por esporas.

Una selección de tal calibre sólo puede ser anárquica, intemporal y caprichosa. Quiero exhumar a los olvidados, a los mártires y a los granujas de la fosa común de la historia del pensamiento y la acción económica. No es fácil dilucidar en qué medida y proporción sus luminosas vidas participan en la condición de genio, de visionario o de excéntrico, pero hay algo que todos sin excepción comparten: Su apasionada lucidez y su talento merecerían un panegirista más fogoso y mejor dotado que yo.

Nada en el retrato de Sebastian de Vauban revela que estemos ante un espítiru en ebullición permanente y abocado a una actividad frenética e incluso volcánica. Sólo un rostro envuelto en una peluca, una media sonrisa desengañada y plácida y un mirar lejano, fatigoso y azul. Le Brun, pintor de cámara de Luis XIV, no ha pasado por alto la cicatriz sobre la mejilla izquierda que un Vauban ya entrado en años luce con sereno orgullo, el orgullo con que otros lucen una renta de diez mil libras o un toisón de oro en el pecho.

La cicatriz, un recuerdo del sitio de Douai, apenas es una anécdota en una brillante carrera como ingeniero militar e inspector de obras y fortificaciones. Su competencia y autoridad en el sutil y bárbaro arte de la poliorcética puede rastrearse por las fortalezas de media Europa, especialmente en esas estructuras con forma de estrella que podemos apreciar en Figueras, Pamplona, Cádiz o el Pentágono. Su poderoso influjo en el ejército francés llegará hasta el siglo XX y en su fe, siempre desmedida y a veces un poco cómica, en las fortificaciones ciclópeas sin estrenar al estilo de la Línea Maginot.

En su obligado nomadismo profesional, Vauban recorrió los dulces campos de Francia como un poseso. Observador curioso, crítico y desprejuiciado, consignaba en sus diarios de forma perfectamente minuciosa y notarial todo lo que iba viendo, y lo que iba viendo no le gustaba nada. La señora Anne Blanchard, que ha estudiado con detalle sus oceánicos cuadernos de viaje, estima que en sus andanzas por el hexágono recorrió 180.000 km., una media de 3170 km. al año durante sus 57 de servicio, a pie o a caballo, en burro o en una especie de parihuelas de su propia invención que le permitían viajar tumbado por toda clase de terrenos sin sufrir el tormento de las ruedas.

Así, sorbiendo datos como una esponja y juntando números como un contable, empezó a perjeñar en opúsculos y memoriales un collage desolador del lastimoso estado de las provincias del reino sumidas en la miseria, el hambre, el asco y la tristeza, que Vauban atribuía a la indiferencia de sus pares, a la iniquidad de los tributos y a la incompetencia, la corrupción y el desprecio de los servidores públicos.

Pero Vauban era directo, noble y,como diríamos aquí, un poco baturro: Si tengo la verdad de mi lado, no os temo a vos, ni al rey ni a la humanidad entera. Prefiero la verdad, aunque sea ruda, a una cobarde complacencia que sólo serviría para engañaros a vos y deshonrarme a mí. Estoy sobre el terreno; veo las cosas con juicio y es mi obligación conocerlas. Sé cuál es mi deber a cuyas reglas me atengo con todo escrúpulo. Tened a bien, os lo ruego, que con el respeto que os debo exponga libremente mis opiniones. Mala condición para moverse entre los velos de intrigas, hopalandas y sutilezas de la Corte del Rey Sol. Declaraciones como esta prefiguraban de forma nítida los tristes pasos de su caída y ruina.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Analectas

Borges:

No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil. Una doctrina filosófica es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo —cuando no un párrafo o un nombre— de la historia de la filosofía. En la literatura, esa caducidad final es aún más notoria. El Quijote —me dijo Menard— fue ante todo un libro agradable; ahora es una ocasión de brindis patrióticos, de soberbia gramatical, de obscenas ediciones de lujo. La gloria es una incomprensión y quizá la peor.


Raúl González Salinero:

Cirilo Ecistópolis, célebre monje palestino del siglo VI, cuenta en su Vita sabae que, en un momento de acuciante tentación, un monje de la comunidad dirigida por este santo tomó la drástica decisión de automutilarse los genitales de manera sanguinaria con una piedra afilada.


Anónimo:

Para triunfar en la vida es preciso creer en algo, o sea, hay que estar profundamente equivocado.


Rafael Sánchez Ferlosio:

Nadie tan ferozmente peligroso como el justo cargado de razón.


Borges (un palíndromo):

Sapos, oíd, el rey ayer le dio sopas.


Miguel Núñez (fundador del Partit Socialista Unificat de Catalunya):

En la cárcel de Ocaña había un cura (capellán del presidio) que participaba en las palizas a los presos y gustaba de dar el tiro de gracia tras las ejecuciones. El poeta Miguel Hernández lo retrato en sus versos:

La luna lo veía y se tapaba
por no fijar su mirada
en el libro, en la cruz
y en la
Star ya descargada.
Más negro que la noche
menos negro que su alma
cura verdugo de Ocaña.


Proust:

Del verdadero fruto del arte se alimenta la sociedad aun sin saberlo y proclamar el carácter ético de las propias motivaciones creadoras es equipararse al fariseo que loa su propia sinceridad; convencido de que, al igual que la autentica buena acción, el verdadero arte es ético sin proclamarlo.

Carmen Negrín:

Fue en España donde los hombres aprendieron que es posible tener razón y aun así sufrir la derrota. Que la fuerza puede vencer al espíritu y que hay momentos en que el coraje no tiene recompensa. Esto es sin duda lo que explica por qué tantos hombres en el mundo consideran el drama español como su drama personal.


Fernando Fernán Gómez:

Las hijas de la marquesa
hablan inglés y beben ginebra;
qué cortos son los días
y qué largas son sus piernas.

Madre, yo quiero ser un señorito,
aunque sea de Palencia.


Bernd Schuster:

Yo soy muy humilde; si no, no habría podido llegar a ser tan grande.


Anne Sexton:

Un escritor es alguien que con unos muebles hace un árbol.


Madame du Deffand:

¿Aprender a bien morir? ¡Que capricho! Yo a todo el mundo le he visto hacerlo a la primera y perfectamente.


Cesar Molinas:

Nuestras guerras (las de España) en los últimos dos siglos han sido guerras civiles, que son divisivas en vez de cohesivas. Francia, por ejemplo, se ha hecho francesa matando alemanes. España se ha hecho española matando a los españoles.


Gregory Hause:

Si no fuera por Newton todos flotaríamos por el techo.

La religión no es el opio del pueblo; la religión es el placebo del pueblo.


Faulkner (mucho antes de descubrirse la figura del “fumador pasivo”):

Los no fumadores pierden una de las experiencias más gratas de la vida para un hombre sensible: el conocimiento de estar sucumbiendo a un vicio que sólo lo puede dañar a él.


Francisco Ferrer Guardia:

Deseo que en ninguna ocasión ni próxima ni lejana, ni por uno ni otro motivo, haya manifestaciones de carácter religioso o político ante los restos míos, porque considero que el tiempo que se emplea ocupándose de los muertos sería mejor dedicarlo a mejorar la condición en que viven los vivos, teniendo gran necesidad de ello casi todos los hombres.


José Luis Montes (exdirectivo de Epson y Xeros):

No hay mayor fracaso que fijar objetivos equivocados y conseguirlos.


Winston Churchill:

Debo hacer constar que mi regla de vida prescribe como un rito absolutamente sagrado fumar cigarros y beber alcohol antes, después y si es necesario durante las comidas y en los intervalos entre ellas.


Enrique Vila-Matas:

Siempre me he forzado a la contradicción para evitar conformarme con mi propio gusto.


Saramago:

La historia de los hombres es la historia de sus desencuentros con dios: ni él nos entiende a nosotros, ni nosotros lo entendemos a él.


Swedenborg:

El fin del mundo ya ha tenido lugar: estamos todos muertos.


Ángel González:

Yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;…


Sidi Oul Sidina (dirigente de Al Qaeda en el Magreg Islamico):

Yo no soy una persona, yo soy un arma. No habléis conmigo. Disparo cuando me lo ordenan.


Andre Maurois:

Hay que tratar las catástrofes como molestias y jamás las molestias como catástrofes.


Juan Goytisolo:

Valen menos cien pájaros en mano que el que, para nuestra delicia y tormento, vuela y revuela en la invisible ligereza del aire.


Stendhal:

El pastor intenta convencer siempre al rebaño de que los intereses de las ovejas y los suyos coinciden.


Manuel Vicent:

En el fondo, el Estado sólo es una organización, cada día más costosa y compleja, para que los pobres no maten a los ricos.


Pío Baroja:

El instinto no yerra nunca; acierte o falle, es lo mismo: cuando acierta, acierta dos veces; cuando falla, también acierta.


Wittgenstein:

Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo. Yo soy mi mundo, por lo que "yo" no es otra cosa que mi lenguaje.


Manuel Delgado:

La violencia es un acto de comunicación. Los actos violentos tienen el mismo valor simbólico que las palabras o las monedas.


Alejandro Martínez-Abraín:

Somos una especie de reciente aparición, con sólo unos 200.000 años de historia a nuestras espaldas, y gracias a nuestra extraordinaria sapiencia nos las hemos ingeniado para poner en jaque a la diversidad biológica del planeta entero, que representa una historia acumulada, única e irrepetible, de miles de millones de años. No está mal para lo que fue una pequeña población marginal de primates bajados a la fuerza de los árboles de una selva tropical que se desvaneció por causas naturales hace "cuatro días" en África oriental.
Parece que, después de todo, ser tan inteligentes no resulta adaptativo a largo plazo.

miércoles, 14 de julio de 2010

Analectas

Kafka:
De forma “esencial” tampoco hay ilimitadas posibilidades para la vida. Todo lo que nos rige e influye, cualquier acto que realicemos, se produce dentro de unos límites que nos constriñen. Sólo imaginar que la libertad es un mito invita al desánimo o al combate. Y la única lucha posible es la negación: de la literatura; de la vida.

Pessoa:
El único misterio es que haya quien piense en el misterio.

A. Machado:
Creo más útil la verdad que condena el presente, que la prudencia que salva lo actual a costa siempre de lo venidero. La fe en la vida y el dogma de utilidad me parecen peligrosos y absurdos. Estimo oportuno combatir a la Iglesia católica y proclamar el derecho del pueblo a la conciencia y estoy convencido de que España morirá por asfixia espiritual si no rompe ese lazo de hierro. Para ello no hay más obstáculo que la hipocresía y la timidez. Esta no es una cuestión de cultura —se puede ser muy culto y respetar lo ficticio y lo inmoral— sino de conciencia. La conciencia es anterior al alfabeto y al pan.

Borges:
Los caracteres alegóricos ocupan un lugar intermedio entre las realidades absolutas de la vida humana y las puras abstracciones del entendimiento lógico. (…)En efecto, ¿qué son los prodigios de Wells o de Edgar Allan Poe —una flor que nos llega del porvenir, un muerto sometido a la hipnosis— confrontados con la invención de Dios, con la teoría laboriosa de un ser que de algún modo es tres y que solitariamente perdura fuera del tiempo?¿Qué es la piedra Jezoar ante la armonía preestablecida, quién es el unicornio ante la Trinidad, quién es Lucio Apuleyo ante los multiplicadores de Buddhas del Gran Vehículo, qué son todas las noches de Shahrazad junto a un argumento de Berkeley? He venerado la gradual invención de Dios; también el Infierno y el Cielo (una remuneración inmortal, un castigo inmortal) son admirables y curiosos designios de la imaginación de los hombres.

Beckett:
El estilo es pura vanidad: una corbata de lazo sobre un cáncer de laringe.

Jesús Pardo:
El destino guía a los dóciles, a los reacios les empuja.

De Quincey:
Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente.

Natterson:
¿Por qué perder el tiempo aprendiendo si la ignorancia es instantánea?

Navokov:
La realidad debería ir siempre entre comillas.

Juan Goytisolo:
Prefiero equivocarme por mi cuenta que tener razón por consigna.

Silvina Ocampo:
Borges tiene corazón de alcancil. Ama a las mujeres hermosas, en especial si son feas, porque entonces puede inventarles la cara con mayor comodidad.

Hanse:
Nada significa nada: todo son lemas, perogrulladas y gilipolleces.

Santiago Ramón y Cajal:
El ojo no ve en las cosas más que lo que está en su espíritu.

Virginia Woolf:
La esencia del esnobismo estriba en el deseo de impresionar a la gente. El esnob es un ser aturdido y de escasa capacidad mental, tan poco contento de sí mismo que, a fin de consolidad su personalidad, no hace más que pasar un título o algo que suponga un honor por la cara del prójimo a fin de que el prójimo le crea y ayude al esnob a creer lo que realmente no cree.

Negro Black:
Siempre cuesta interpretar a un poeta metafísico: pura espeleología, pues al precipicio que ofrece una idea se han de sumar los abismos sucesivos de las palabras empleadas para expresarla. Símbolos de símbolos, emblemas y alegorías pergeñados repetitivamente para representar un mundo ajeno e incomprensible.

martes, 29 de junio de 2010

Nuevas noticias sobre Machaquito de Hamburgo

A raíz de la interesante nota de Montenegro sobre la misteriosa y tantálica figura de Machaquito de Hamburgo, inicié algunas pesquisas que, lejos de aportar luz, ensombrecen aún más la escurridiza biografía de este singular matador de toros. No me resisto, sin embargo, a compartir mis “hallazgos” con los curiosos lectores de La Rivoli.
En 1937, Teágenes Sierra Salcedo, a la sazón crítico taurino del Mercurio de Aguascalientes, publicó su célebre libro de memorias Desde la barrera, donde da cuenta de las múltiples experiencias acumuladas durante más de tres décadas de dedicación a los toros como aficionado y periodista en todas las plazas de México. En el capítulo IV, dedicado íntegramente a Juan Belmonte, se refiere en varias ocasiones a un matador de toros conocido como el Rubio que, “aunque llegado desde España, no era gachupín y, en honor a su apodo, lucía un pelo amarillo como el oro del Rhin”. Poco se entretiene don Teágenes en el toreo del Rubio: “buen capoteador y templado con la muleta, estropeó muchas tardes por su torpe manejo del estoque”. En 1925, el cronista dice encontrarlo por casualidad en Querétaro: “de casa en casa vendía paños y bordados, para mantenerse mientras se recuperaba de una cornada”. Este detalle, con ser poco, ilustra el escaso éxito del matador en las plazas mexicanas. Más curiosa resulta la evocación de una fiesta en Ciudad de México para agasajar a Juan Belmonte después de una tarde memorable en la Monumental. El diestro de Triana acudió a la cita en compañía del Rubio y, en palabras de Sierra, ambos protagonizaron el acontecimiento de la velada:
“Hacia la media noche, cuando ya se había trasegado generosamente el tequila, el malicioso Ramiro Monje, por entonces subsecretario del ministro de la Gobernación, retó a los toreros españoles al juego de la ruleta rusa, para que demostraran su gallardía fuera del ruedo. El propio Monje inició el lance: vació el tambor de su revólver sobre una mesa, cogió un cartucho, lo introdujo de nuevo en el tambor y lo hizo girar. Ante el estupor de los invitados se colocó el cañón en la sien y, sin perder la sonrisa bobalicona que le adornaba, miró a Belmonte y disparó. Los presentes suspiraron con alivio al oír el sonido metálico del perrillo y no la detonación temida. Después, Monje hizo girar de nuevo el tambor y le ofreció el revólver a Belmonte, quien lo rechazó por preferir usar el suyo, que siempre llevaba encima. Serio, el matador repitió la operación ante el espeso silencio de la sala, respiró hondo y disparó con idéntico resultado. Cuando llegó el turno del Rubio, aceptó el revólver de Monje, tomó otro cartucho de la mesa y, dirigiéndose al retador, dijo:
—Subamos la apuesta, señor, ¿le parece doble o nada?
Alojó el segundo cartucho en el seno diametralmente opuesto al que ya estaba relleno, montó el arma y con serenidad temeraria apretó el gatillo sin parpadear. Tampoco hubo disparo.
Atónito, el público aplaudió con entusiasmo y emocionado gritaba: “torero, torero”.
Ramiro Monje, a quien tocaba responder, levantó solemne su copa y brindó con deportividad:
—Viva España y vivan los toreros valientes.
— ¡Y que viva México! —añadió el Rubio.”

¿Sería el Rubio de este episodio Machaquito de Hamburgo? Resulta imposible asegurarlo a la luz de estos datos. Sin embargo, otros indicios avalarían dicha hipótesis. Según el Almanaque ilustrado de “El Siglo”, correspondiente al año 1922, Machaquito de Hamburgo debutó en una corrida con caballos en la plaza del Puerto de Santa María el 26 de agosto del citado año. El segundo novillo lo brindó a la cantaora Dolores Fuertes, la Poncia, de quien se dice que Lorca tomó prestado el nombre para el homónimo personaje de La casa de Bernarda Alba. Al parecer, la faena del brindis no pasó de aseada, pero bien pudo proporcionar otros réditos: no es difícil imaginar un romance entre el apuesto novillero teutón y la tonadillera, como se desprende de la coplilla que la hizo famosa:

El morenito, madre,
está loquito por mí;
yo prefiero al rubito,
el rubio me hace tilín.


Como se sabe, cuando dejó los tablaos, la cantaora se retiró a Carmona donde abrió una fonda que le permitió vivir con holgura. También triunfó la Poncia en el negocio de la hostelería gracias a la buena maña que se daba en los fogones. Sus guisos alcanzaron cierto renombre entre los viajantes de comercio, sobre todo los filetes rusos encebollados o en salsa de tomate, vianda por aquel entonces exótica. De hecho, el gentilicio de los filetes, como ocurre con la ensaladilla, era a comienzos del siglo XX sinónimo de "raro" o "extraño". Estas conocidas tortas de carne picada, aderezadas y fritas, son las mismas que en los Estados Unidos de América se popularizaron en aquel tiempo con el nombre de hamburguesas. ¿Puede ser esto fruto de la casualidad?

 ¡Qué tiempos! ¡O tempora. o mores! ¡Oh, tiempo de los moros!